Pulp Cthulhu – Honolulu, 6 de diciembre de 1941
Honolulu, 6 de diciembre de 1941.
El salón de baile está a reventar.
Marineros. Marines. Enfermeras. Chicas. Cerveza mala. Música fuerte. Bailes todavía peores.
Sean observa desde la barra.
SEAN
¿Alguna vez te preguntas por qué hace esto la gente?
ELJARA
¿Bailar mal?
SEAN
Celebrar.
Gastan dinero, hacen el ridículo y mañana la mitad tendrá dolor de cabeza.
ELJARA
Y aun así estás sonriendo.
Sean contempla la pista.
SEAN
Quizá una celebración sea precisamente eso.
Decidir que una noche cualquiera merece ser recordada.
Poco antes de medianoche se acerca un fotógrafo.
FOTÓGRAFO
¿Conocéis a este hombre?
Les enseña varias fotografías de la noche.
En todas aparece el mismo desconocido.
Alto.
Chaqueta de etiqueta blanca.
Siempre al borde de la multitud.
Nunca mira a la cámara.
Y parece seguir a un joven marinero.
Daniel Mercer.
Cuando Sean y Eljara lo encuentran, Daniel reconoce al desconocido.
DANIEL
Lo vi fuera.
Me preguntó qué estaba celebrando.
SEAN
¿Qué dijiste?
DANIEL
Nada. Solo que era sábado por la noche.
ELJARA
¿Y él?
DANIEL
Dijo: «Entonces celebra eso.»
Una pausa.
DANIEL
Después me preguntó si alguna vez había tenido una última noche.
Horas más tarde Daniel se marcha.
Antes de irse pregunta a Sean:
DANIEL
¿Piensas alguna vez en la última vez que haces algo?
La última copa.
La última canción.
La última discusión idiota.
Cuando ocurre, no sabes que será la última.
SEAN
Normalmente no.
DANIEL
Quizá sea mejor así.
Si lo supiéramos siempre, estropearíamos la mitad poniéndonos tristes.
A la mañana siguiente, poco antes de las ocho, empiezan las explosiones.
Aviones.
Humo.
Sirenas.
Pearl Harbor.
La guerra ha llegado.
Dos días después encuentran a Daniel vivo.
Agotado. Magullado. Ayudando a mover suministros.
DANIEL
Cuando empezó todo no podía dejar de pensar en el sábado.
La música.
Las chicas.
La cerveza mala.
Yo haciendo el idiota.
No hizo que el domingo fuese menos terrible.
Solo me recordó que antes había otra cosa.
Algo a lo que merece la pena volver.
Más tarde Sean por fin lo comprende.
SEAN
Quizá no celebramos únicamente porque haya ocurrido algo bueno.
Quizá celebramos para recordarnos que las cosas buenas ocurren.
ELJARA
El ataque ocurrió igualmente.
SEAN
Sí.
ELJARA
La guerra sigue siendo real.
SEAN
Sí.
ELJARA
Pero el sábado por la noche también fue real.
Sean sonríe.
SEAN
Exactamente.
Celebrar no borra el sufrimiento.
No derrota a la muerte.
No garantiza el mañana.
Simplemente se niega a permitir que el horror se convierta en la única verdad del mundo.
Y en algún lugar, quizá, el hombre de la chaqueta blanca continúa observando.
Él nunca baila.
Los seres humanos sí.
Una vez.
Y otra.
Precisamente porque, tarde o temprano, todos tenemos una última noche.
UNA PREGUNTA PARA TI:
Si nunca pudieras saber qué noche cualquiera con las personas que amas será la última, ¿haría eso que celebrar fuese menos importante? ¿O cada copa compartida, cada broma idiota y cada canción mal bailada importaría un poco más?
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