Pulp Cthulhu · Mes 9 · Celebración · Semana 2
Alejandría, 1936.
Stacy ha contado nueve idiomas antes de que Caelwyn le diga que pare.
STACY:
«Me interesa.»
CAELWYN:
«Pareces irritada.»
STACY:
«Puedo estar las dos cosas.»
Aquel café, en teoría, no debería funcionar.
Egipcios. Griegos. Italianos. Franceses. Británicos. Alemanes. Armenios. Marineros, comerciantes, gente del lugar, viajeros.
Idiomas distintos.
Religiones distintas.
Costumbres distintas.
Aquella misma tarde, Alejandría parecía estar hecha de categorías.
Nacionalidad.
Religión.
Clase.
Pasaporte.
Extranjero.
Local.
Bienvenido.
Tolerado.
Entonces llega la noche.
Alguien empieza a tocar un oud.
Se suma un violín griego.
Después, un acordeón italiano.
Los músicos apenas pueden hablar entre ellos.
Así que dejan de intentarlo.
Cuatro notas.
Una respuesta.
Un ritmo.
Alguien da una palmada.
Otro se une.
Pronto medio café sigue el compás.
STACY:
«Están negociando.»
CAELWYN:
«Sin hablar.»
Entonces empiezan a bailar.
Una mujer egipcia saca a un marinero británico de su silla.
Él intenta seguir sus pasos.
Fatal.
Ella se ríe y vuelve a enseñárselos.
Después él le muestra uno de los suyos.
Ahora es ella quien lo hace mal.
Ahora se ríe él.
Ninguno se convierte en el otro.
Los dos aprenden cuándo unirse.
Más tarde, una mujer mayor manda a Stacy un plato con algo dulce.
STACY:
«Yo no he pedido esto.»
La mujer hace un gesto:
Prueba.
Stacy prueba.
La mujer levanta las cejas.
Stacy asiente.
Ella sonríe encantada.
CAELWYN:
«Diez.»
STACY:
«¿Qué?»
CAELWYN:
«Idiomas.»
STACY:
«No ha dicho nada.»
CAELWYN:
«Precisamente.»
Pronto la comida pasa de una mesa a otra.
Después las botellas.
Después las sillas.
Después las personas.
Una francesa juega a las cartas con un chico egipcio.
Él hace trampas.
Ella lo pilla.
En cuestión de minutos seis nacionalidades discuten sobre unas reglas que nadie entiende del todo.
CAELWYN:
«Diplomacia internacional.»
STACY:
«Está haciendo trampas.»
CAELWYN:
«Entonces es auténtica diplomacia internacional.»
Cerca de medianoche, el dueño del café levanta su copa.
Da un discurso en árabe.
Alguien lo traduce al francés.
Otro intenta traducirlo al inglés.
Cuando llega a los italianos, todo el discurso se ha convertido en:
«Buena hija. Buen marido. Buen mar. Buenos amigos. Beber.»
Eso lo entiende todo el mundo perfectamente.
Entonces los músicos empiezan otra canción.
Palabras en árabe.
Se suma una voz griega.
El acordeón encuentra el estribillo.
A la sexta repetición casi todos saben cuándo entrar.
La mayoría no conoce la letra.
Algunos simplemente cantan sonidos.
A nadie le importa.
STACY:
«No conocen la letra.»
CAELWYN:
«Yo tampoco.»
STACY:
«Estás cantando.»
CAELWYN:
«Por lo visto no hace falta.»
Durante quizá quince segundos, algo cambia.
Los músicos dejan de tocar.
Pero el café sigue cantando.
Y debajo de todas aquellas voces Stacy escucha otra.
Grave.
Lejana.
Cantando el mismo estribillo en un idioma que no reconoce.
STACY:
«¿Has oído eso?»
CAELWYN:
«Sí.»
STACY:
«¿Qué idioma era?»
CAELWYN:
«No lo sé.»
Quizá venga de otro café.
Quizá de un marinero en la calle.
Alejandría está llena de música esta noche.
Entonces vuelve a entrar el violín.
La gente vitorea.
Alguien tira una silla.
Y la fiesta sigue.
Más tarde, caminando hacia el puerto, Stacy por fin lo entiende.
STACY:
«No se han vuelto iguales.»
CAELWYN:
«No.»
STACY:
«Las diferencias siguen ahí. Idioma. Religión. Nacionalidad. Costumbres.»
CAELWYN:
«Sí.»
STACY:
«Pero ninguna tenía que resolverse antes de que la gente pudiera participar.»
CAELWYN:
«Quizá participar sea la solución.»
STACY:
«Demasiado sencillo.»
CAELWYN:
«Y aun así has aceptado comida de una mujer cuyo nombre desconoces, has celebrado la boda de personas a las que nunca habías visto y has cantado una canción cuyas palabras no entiendes.»
Stacy lo piensa.
STACY:
«Vale. Eso es cierto.»
Celebrar no elimina las fronteras.
Hace algo más pequeño.
Quizá más útil.
Durante un rato hace que cruzarlas resulte más fácil.
Porque a veces no necesitas entender mis palabras para entender mi celebración.
Solo necesitas saber cuándo unirte.
¿Alguna vez has cantado una canción cuya letra apenas entendías, bailado con música de un lugar lejano o celebrado con personas cuyo idioma no hablabas, y descubierto que en ese momento entenderse importaba menos que saber cuándo unirse?
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