Warhammer 40.000 · Mes IX · Bacchanalia · Semana IV
STACY:
«Parecen felices.»
Bajo ellos, una ciudad aeldari está de fiesta.
La música recorre torres imposibles.
Los artistas moldean la materia con la mente.
Los bailarines saltan sobre abismos de kilómetros.
Desconocidos beben juntos.
Los amantes desaparecen tras las puertas.
Una cantante interpreta algo tan hermoso que media plaza queda en silencio.
Stacy aplaude.
Caelwyn también.
STACY:
«¿Deberíamos?»
CAELWYN:
«¿Deberíamos qué?»
«Disfrutarlo.»
«¿Por qué no?»
Stacy contempla la celebración.
STACY:
«Porque sabemos cómo acaba esto.»
CAELWYN:
«Eso no hace que su canción sea menos hermosa.»
Se adentran en la ciudad.
Las celebraciones cambian.
Un baile peligroso recibe aplausos más fuertes.
Un nuevo artista intenta algo más intenso.
La sensación se convierte en arte.
El miedo se convierte en espectáculo.
El dolor se convierte en color.
El placer se convierte en sonido.
STACY:
«Ahí.»
«¿Qué?»
«La frontera.»
CAELWYN:
«No.»
Stacy se vuelve hacia él.
«¿No?»
«El peligro no es Slaanesh.»
Otro distrito.
Otra celebración.
Otra frontera.
Algunos entran.
Otros se niegan.
Nadie los obliga.
STACY:
«¿Entonces todavía no es Slaanesh?»
CAELWYN:
«Todavía no.»
Poco a poco Stacy empieza a reconocer el patrón.
Ocurre algo extraordinario.
Funciona.
Conmueve a la gente.
Así que alguien intenta llegar más lejos.
No porque la experiencia anterior haya fracasado.
Porque ha funcionado.
STACY:
«No están aburridos.»
CAELWYN:
«No.»
«Entonces, ¿por qué no basta?»
«Porque no están buscando algo que baste.»
Al final llegan a una representación en la que alguien grita.
No está actuando.
Una hoja ha entrado en la celebración.
Alguien está sufriendo.
El artista vacila.
Durante un instante, la frontera sigue siendo visible.
Entonces la multitud pide más.
El artista mira al público.
La hoja.
La persona que tiene delante.
Y cruza la frontera.
La multitud estalla.
Más tarde, Stacy observa a unos aeldari abandonar la ciudad.
Otros se burlan de ellos.
Cobardes.
Puritanos.
Necios con miedo al placer.
STACY:
«Lo sabían.»
CAELWYN:
«Algunos.»
«Entonces, ¿por qué no se marcharon todos?»
Caelwyn contempla la ciudad.
Su música.
Su arte.
Sus amantes.
Sus familias.
Su historia.
CAELWYN:
«¿Marcharse de qué?»
Stacy lo entiende.
De casa.
Y aun así las celebraciones continúan.
Una frontera se vuelve normal.
Otra ocupa su lugar.
Después otra.
Millones y millones de aeldari sienten, desean, crean, sufren y buscan juntos.
Y sus emociones no terminan en ellos.
Tocan la Disformidad.
Algo se acumula allí.
Nadie se reúne para crear un dios.
Nadie vota para hacerlo.
No existe una ceremonia final en la que una civilización decida destruirse.
Solo existen incontables decisiones.
Decisiones privadas.
Decisiones compartidas.
Decisiones que otros aplauden.
Las decisiones se convierten en costumbres.
Las costumbres se convierten en expectativas.
Hasta que la ciudad parece inhalar.
La música se rompe.
La Disformidad grita.
Y algo abre los ojos.
Nace Slaanesh.
Después, la ciudad desaparece.
Silencio.
STACY:
«Crearon un dios.»
CAELWYN:
«Sí.»
«¿Querían hacerlo?»
«No.»
«Algunos solo estaban bailando.»
«Sí.»
«Algunos estaban creando arte.»
«Sí.»
«Algunos estaban haciendo el amor.»
«Sí.»
«Y ellos también murieron.»
«Sí.»
Stacy contempla el vacío.
STACY:
«Entonces, ¿dónde estaba la frontera?»
Caelwyn guarda silencio.
«¿El asesinato?»
«Una frontera.»
«¿Los cultos del placer?»
«Otra.»
«¿La primera persona que quiso algo todavía más intenso?»
«Otra.»
STACY:
«Pero ninguna de ellas es la frontera.»
CAELWYN:
«Quizá ese sea precisamente el error.»
Stacy recuerda las celebraciones que ya han visto.
Soldados cantando.
Space Wolves riendo.
Orkos rugiendo.
Aeldari bailando.
Personas convirtiéndose en parte de algo mayor que ellas mismas.
STACY:
«Entonces el problema no es el éxtasis.»
«No.»
«Ni celebrar.»
«No.»
«Ni el placer.»
«No.»
«Entonces, ¿qué?»
Caelwyn mira hacia donde una vez existió aquella civilización.
CAELWYN:
«El momento en que lo que sentimos juntos se vuelve lo bastante poderoso como para que la frontera parezca más pequeña que la experiencia que nos espera al otro lado.»
STACY:
«¿Y después?»
«Después descubrimos si todavía creemos en esa frontera cuando todos los que nos rodean la están cruzando.»
Stacy mira hacia la oscuridad.
STACY:
«No tenían que olvidar dónde estaban las fronteras.»
Pausa.
«Solo tenían que sentir algo lo bastante poderoso como para cruzarlas.»
Cuando todos los que te rodean cruzan juntos una frontera y lo que espera al otro lado parece más hermoso, más intenso y más vivo que todo lo anterior, ¿qué podría hacerte parar?
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