The Bacchanalia — Semana I
Millones de velas llenaban la colmena.
Stacy esperaba encontrarse con el duelo.
En cambio, encontró una fiesta.
Las familias comían bajo las estatuas de los santos. Los niños llevaban velas. Los comerciantes vendían cintas y dulces. Los veteranos reían junto a los peregrinos. Algunas personas lloraban.
Algunas hacían las dos cosas.
Sobre ellos avanzaba en procesión una enorme efigie dorada de Sanguinius.
Stacy:
«Esto no se parece en nada a lo de los soldados.»
Caelwyn:
«¿No?»
Sonó una campana.
La multitud se detuvo.
Millones de personas levantaron sus velas.
Entonces comenzó el himno.
Una voz.
Diez.
Miles.
Pronto Stacy pudo sentirlo a través de la piedra bajo sus pies.
La gente respiraba junta.
Se movía junta.
Respondía junta.
Stacy:
«Se están sincronizando.»
Caelwyn:
«Y están recordando.»
Ella miró hacia Sanguinius.
«Nunca lo conocieron.»
«No.»
«Sus padres tampoco.»
«No.»
«Entonces, ¿qué están recordando?»
Cerca de ellos, un anciano se arrodilló ante un pequeño santuario.
Una niña lo ayudó.
Él le susurró algo y le entregó su propia vela.
Caelwyn:
«Puede que ella no recuerde a Sanguinius.»
Pausa.
«Recuerda cómo él recuerda a Sanguinius.»
Stacy contempló a la niña llevando las dos llamas.
«Entonces la memoria puede heredarse.»
«Quizá.»
A su alrededor había risas.
Comida.
Música.
Incienso.
Dolor.
Y niños corriendo entre adultos que habían acudido para honrar a los muertos.
Stacy:
«¿No es una falta de respeto?»
«¿Hacia quién?»
«Hacia los muertos.»
Caelwyn la miró.
«¿Necesitan los muertos nuestra desdicha?»
Pausa.
La procesión llegó a la plaza de la catedral.
Apareció un sacerdote.
Martirio.
Sacrificio.
Deber.
El Emperador.
Sanguinius.
La humanidad.
Cien mil personas se arrodillaron al mismo tiempo.
La expresión de Stacy cambió.
«Eso es poder.»
«Sí.»
«La Eclesiarquía elige la historia.»
«Sí.»
«Los símbolos.»
«Sí.»
«Lo que significa el sacrificio.»
«Sí.»
«Quién es santo.»
«Sí.»
Stacy:
«Entonces esto no es solo una fiesta.»
«No.»
«Es religión.»
«Sí.»
«Política.»
«Sí.»
«Historia.»
«Sí.»
«Orden social.»
«Sí.»
Ella contempló la multitud.
«Entonces, ¿dónde termina el duelo sincero y dónde empieza la manipulación?»
Caelwyn:
«¿Puedes señalar el momento exacto?»
Stacy guardó silencio.
Caelwyn:
«La política no hace falso el dolor del abuelo.»
«No.»
«Y su dolor no hace inofensiva la política.»
Stacy lo miró.
«Las dos cosas pueden ser ciertas.»
«Sí.»
«Es incómodo.»
«Normalmente.»
Entonces toda la plaza comenzó a cantar.
El sonido la golpeó físicamente.
Miles y miles de voces se convirtieron en una sola.
Stacy ya conocía parte del estribillo.
Sin decidirlo del todo —
se unió.
Solo una frase.
Su propia voz desapareció.
Pero la canción se hizo más grande.
Cuando dejó de cantar, miró fijamente a la multitud.
«No podía oírme a mí misma.»
Caelwyn esperó.
Stacy:
«Pero podía oírnos.»
Pausa.
«Ha sido agradable.»
«Sí.»
«Mucho.»
«Sí.»
Su mirada se endureció ligeramente.
«Eso también podría ser peligroso.»
Caelwyn:
«Sí.»
Porque la fiesta sagrada puede ofrecer algo que el individuo no puede crear a solas.
Una memoria más larga que una vida.
Una pertenencia mayor que una familia.
Una historia en la que los muertos permanecen entre los vivos.
Pero ese mismo momento puede llevar consigo fe.
Esperanza.
Obediencia.
Poder.
Y nadie que esté dentro del himno puede separar limpiamente unas cosas de otras.
Finalmente, las campanas volvieron a sonar.
La fiesta terminó.
Las familias recogieron a sus hijos.
Los trabajadores regresaron a sus distritos.
Los soldados se ajustaron los uniformes.
La gran llama colectiva se dividió en miles de pequeñas luces llevadas de vuelta a casa.
Stacy observó cómo se alejaban.
«El “nosotros” vuelve a ser “yo”.»
Caelwyn:
«Tiene que hacerlo.»
«¿Por qué?»
«Porque quizá el propósito de la fiesta sagrada no sea vivir para siempre dentro de la llama.»
Observó las velas desaparecer por la colmena.
«Quizá sea llevar algo de su calor de vuelta a la vida cotidiana.»
¿Qué nos da la fiesta sagrada que no podemos crear a solas — y cómo sabemos si estamos llevando su fuego a casa o entregándonos nosotros mismos a la llama?
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